Brillaba. Detrás del mostrador, brillaba. No hay otra palabra que sintetice mejor su universo. Era rubia y de ojos celestes. El pelo atado para resaltar mejor su mirada. Su impactante mirada.
-No sé que le pasó. Se quedó muerto de golpe, Noelia, le dijo el lunes que le llevó el celular, mientras miraba su nombre en la chapita que asomaba de su voluptuoso seno izquierdo. Aguirre era el apellido.
-Hola, ¿ya está listo?, le preguntó el martes, cuando sabía que debía esperar un mínimo de tres días para el arreglo.
-¿Hoy tampoco?, atacó el miércoles.
El jueves tuvo su teléfono listo. La miró a Noelia, esta vez decorada con agresivo flequillo y un escote que empezaba y vaya a saber donde terminaba. Intentó decirle algo, y le salió... Le salió lo que le salió: "Chau. Gracias. Hasta luego. Que tengas buen fin de semana. Hoy. Este, no, hoy no. Mañana. Claro. Hoy es jueves. No es viernes. Mañana es viernes. Bueno, me entendés. Que la pases bien". Noelia sonrió. "Chau, vos también", le contestó la esplendorosa rubia con su blanquísima sonrisa.
"Boludo. Una y otra vez boludo", se repetía camino a su trabajo donde lo esperaban cinco horas más de su rutina de cadete por el microcentro. "No, mejor pelotudo. Soy un pelotudo". La timidez. La sensación de que esa rubia era demasiado para él. Game over sin jugar. Como tantas veces...
Tres semanas pasó pensando y pensando. Pidió consejos. Y eligió el plan a ejecutar.
-Hola, Noelia, ¿te acordás de mí? Ah, bueno, sí. No sé. Yo te llevé el celular para arreglar. ¡Qué casualidad que tomamos el mismo colectivo para... A ver... ¡La Paternal! Sí, podemos viajar juntos. ¿Podemos? Sí, que bueno. ¡Qué bueno!
Cuarenta y cinco minutos después, y luego de un monólogo suyo condimentado por monosílabos de la rubia de ojos celestes a modo de respuesta, ella se acercó a la puerta y tocó el timbre. "Ah, sí, acá. Me bajo también. Digo, si querés. Te acompañó unas cuadras. Digo, si querés. Me bajo".
Una cuadra por la avenida, dos cuadras para adentro. La noche ya reinaba en la ciudad. De golpe, la rubia detuvo sus pasos: "No digas nada". "¿Yo? No, tranquila, yo quería acompañarte, pero no digo, si querés no digo". "Callate", le gritó. Lo arrinconó contra una pared y le dio un beso. Largo. Húmedo. Hasta apasionado. Los ojos celestes abiertos y vigilantes. Los negros, cerrados. Los besos soñados se dan cerrados.
-Noelia, que sorpresa encontrarte por acá. Justo te estábamos buscando hace algunos días. Te hicimos una advertencia, dos, y la tercera. Es mucho, nena. Te pasaste de la raya.
-No, muchachos. Les voy a explicar. Fue una confusión. Y mi mamá está enferma, necesita...
-Tu mamá, tu mamá... Nena, esto es un negocio. N-E-G-O-C-I-O ¿Y este pendejito quién es?
-Hola maestro. Resulta que acompañe a Noelia en el colectivo porque…
-Es mi novio, él me obligó a vender en la cortadita. Yo le dije que esa no era mi zona. El dijo que se encargaba. Yo no quería.
Noelia salió corriendo y llorando.
-¡Noeliaaaaaa...!, la llamó con un grito desesperado. No pudo dar un paso: seis brazos ya lo habían frenado.
-¿Así que todo esto fue tu idea, pendejito? ¿Así que sos guapito? ¿Sabés que le pasa a los guapitos?
-No tengo idea de que hablas, maestro. Pero no me importa. Dejame ir con ella. Es lo único que quiero. ¡Noeliaaaaaa...!
Se escucharon tres disparos. En el piso, desangrado, alcanzó a ver como Noelia, a media cuadra, se daba vuelta. Vio sus ojos celestes por último vez, y cerró los suyos para soñar para siempre con el mejor beso de su vida.
"Ajuste de cuentas: asesinan a un vendedor de drogas en La Paternal", fue la placa roja tres horas después.
jueves, 30 de julio de 2009
miércoles, 29 de julio de 2009
Pancreatitis
Es bueno aprender cosas en la vida. Dicen los sabios: cuanto más aprendo, menos sé. Y es bueno aprender sobre las partes del cuerpo. El Páncreas, por ejemplo, es un órgano glandular ubicado en los sistemas digestivo y endócrino de los vertebrados (gracias don wikipedia).
Hablando del Páncreas, hoy jueves, víspera de viernes, el líder del sector P lanzó una dura advertencia: "¿Qué fue ese repato garabato 1? ¿Qué fue esa paparruchada?". "Se llama relato garabato. A ese acuerdo habíamos llegado la última vez", contestó el Colmillo, jefe de los C. “No, no, no, no. Impresentable. Im-pre-sen-ta-ble. Queremos acción, sangre, algo fuerte. Sino…". "¿Sino qué?". "Hackamos todo y ponemos fotos de Jolie y David".
Sus seguidores gritaban: "Pán-creas, Pán-creas". Entonces mañana, bajo presión, otro relato garabato.
Es bueno aprender cosas. Pancreatitis es la inflamación del páncreas.
Hablando del Páncreas, hoy jueves, víspera de viernes, el líder del sector P lanzó una dura advertencia: "¿Qué fue ese repato garabato 1? ¿Qué fue esa paparruchada?". "Se llama relato garabato. A ese acuerdo habíamos llegado la última vez", contestó el Colmillo, jefe de los C. “No, no, no, no. Impresentable. Im-pre-sen-ta-ble. Queremos acción, sangre, algo fuerte. Sino…". "¿Sino qué?". "Hackamos todo y ponemos fotos de Jolie y David".
Sus seguidores gritaban: "Pán-creas, Pán-creas". Entonces mañana, bajo presión, otro relato garabato.
Es bueno aprender cosas. Pancreatitis es la inflamación del páncreas.
martes, 28 de julio de 2009
Línea 105
El pelo recogido y algo sucio le caía hasta la mitad de su espalda. La barba tupida superaba el límite de su pera. Sus manos hacían de manos y también de pies. Agil, subió al colectivo y se acomodó en un espacio mínimo entre la puerta y el volante. La silla de ruedas plegable quedó a un costadito...
"¿Qué hace el marido de la gallina dado vuelta? ¡Yoga!". Mientras repasaba la vida del chofer y sus compañeros de la línea 105, matizaba la charla con chistes fáciles y cortitos. Una tras otro. Para maquillar tanto frío, tanta pandemia, tantas soledades del mismo viaje.
Y esa maldita obsesión que vuelve al ataque. El recuerdo de la china, del parrilero, de aquel, de aquella, de todos. El propio. El paralítico con poco que es feliz. Esa chica bonita con dos ojazos verdes que caminan por la cornisa. Ese hombre con mirada de rencor. La viejita con miedo. El bebé que llora...
"Mamá, mamá, me tragué una cucharita. Tené cuidado nene que no te revuelva el estómago". El chofer ríe. El colectivo frena. La silla de ruedas se mueve y vuelve a su lugar.
"¿Qué hace el marido de la gallina dado vuelta? ¡Yoga!". Mientras repasaba la vida del chofer y sus compañeros de la línea 105, matizaba la charla con chistes fáciles y cortitos. Una tras otro. Para maquillar tanto frío, tanta pandemia, tantas soledades del mismo viaje.
Y esa maldita obsesión que vuelve al ataque. El recuerdo de la china, del parrilero, de aquel, de aquella, de todos. El propio. El paralítico con poco que es feliz. Esa chica bonita con dos ojazos verdes que caminan por la cornisa. Ese hombre con mirada de rencor. La viejita con miedo. El bebé que llora...
"Mamá, mamá, me tragué una cucharita. Tené cuidado nene que no te revuelva el estómago". El chofer ríe. El colectivo frena. La silla de ruedas se mueve y vuelve a su lugar.
lunes, 27 de julio de 2009
Daltónico
Las caras se ponen rojas, amarillas y azules. Y pálidas. Los rostros cambian de tonalidades al ritmo de los dictámenes del organismo. Eso son los cuerpos: un combo de colores que destellan fallas internas.
Pero hay dos colores que se llevan mal. Muy mal. Blanco por acá, negro por allá. Siempre. Es blanco o es negro. El gris, en el medio, intenta ser amigo de ambos. A veces lo logra. Otras termina morado.
Tal vez el problema de todo sean los colores. O la enfermedad de los colores. Hay quienes confunden lo blanco con lo negro. Hay quienes, cobardes, ofrecen negociar con un gris. No, señores. No, señoras. Quien cambia los colores confunde la verdad.
Definitivamente hay mucho daltónico dando vuelta por estas calles. Demasiado.
Pero hay dos colores que se llevan mal. Muy mal. Blanco por acá, negro por allá. Siempre. Es blanco o es negro. El gris, en el medio, intenta ser amigo de ambos. A veces lo logra. Otras termina morado.
Tal vez el problema de todo sean los colores. O la enfermedad de los colores. Hay quienes confunden lo blanco con lo negro. Hay quienes, cobardes, ofrecen negociar con un gris. No, señores. No, señoras. Quien cambia los colores confunde la verdad.
Definitivamente hay mucho daltónico dando vuelta por estas calles. Demasiado.
viernes, 24 de julio de 2009
Relato Garabato 1: La Condesa
"Perdedor. Yo tengo lo que vos querés…"
Con impecable traje negro, Alex miró a ese pequeño ser que había osado insultarlo. Burlón y sádico, le dedicó una de sus típicas respuestas con sobredosis de arrogancia. Minutos antes se habían visto por quinta y última vez después de convivir una semana en una despiadada carrera por conseguir ese puesto gerencial.
Quizás fue el perfume importado. Tal vez los anteojos último modelo. O, porque negarlo, la marca registrada de sus ojazos celestes en un rostro con infaltable cama solar. Todo esto, más una simpatía innegable al hablar y varios postgrados bien pagados, inclinaron la balanza para el muchachito de la película. Lo esperaba un sueldo de cinco dígitos en moneda extranjera, viajes, tres secretarias de curvas llevar y poder. Mucho poder. El mundo en sus manos.
Tenía planeado un sábado de festejo en su piso de Belgrano. A su estilo: amigos, música, tragos, drogas y mujeres. No necesariamente en ese orden. Para mejor, por la noche la suerte le sonrió: colorado el 5 más negro el 10, dos plenos seguidos bien cargados y a cobrar. Mucha suerte para un solo viernes. La morocha de Asia de Cuba, con sexo oral en el baño, fue de yapa…
"Negro, querido. Esta noche hay joda loca. Llamá a los chicos. Prepará todo para unas 10 personas. Paga la casa". Juani, el Negro, tiene una capacidad fantástica como organizador. Nunca falla. Pero sonó la musiquita de El Golpe en el celular de Alex, y todo cambió. "¿Venís esta noche?". Era La Condesa. Así se hacía llamar, y así figuraba en la tarjeta que le dio aquella noche de auto a auto, después que el muchachito la siguiera unas 30 cuadras por Libertador en su descapotable. Era una obsesión. Imposible combatir contra el mix mujer más obsesión.
"Negro, arrancá vos con todo y con todos. Yo llego más tarde", decía el cartel en la puerta de su casa. Alex, mientras, con su mejor ropa de sábado a la noche, tocaba el timbre de la casona vieja. "Me invito La Condesa", dijo. "Sí, pasa, son 20 pesos". Pispeó la gente desparramada en el patio. Se sintió extraño. Muy extraño. ¿Esa nena de 21 hablando con ese viejo? ¿Y esa gorda así vestida con tanto cuero reluciente? ¿Ese pibe está desnudo y tiene un collar en el cuello? ¿Qué es esto, man? Muchas preguntas y pocas respuestas.
Sus ojazos celestes vieron como parte de la gente se amontonaba en una puerta. Sus 185 centímetros lograron espiar: era una pequeña habitación y se veía a una chica de piernas largas. Alex se abrió paso casi intempestivamente. No es un lugar común: se frotó los ojos para corroborar que todo era cierto. Sí, era ella. La figura de La Condesa estaba esculpida en un vestido de látex, con botas de plataforma de no menos de 15 centímetros. Brillaba...
Látigo en mano, castigaba a un gordo panzón que le chupaba las botas. Mientras, le espetaba a un pelado que obedeciera. "No te muevas", gritaba mientras la cera de la vela enrojecía el cuerpo del varón depilado. La suela puntiaguda apretaba los testículos de un hombre flaco, enmascarado, con collar en el cuello. “Esclavos, de pie”.
Se incorporaron y uno a uno fueron pasando, cabeza gacha, detrás de La Condesa. Cuando la dama pasó cerca de Alex, éste intentó acariciarla. Recibió como respuesta un empujón y un escupitajo. Quedó inmóvil. Pálido en su tostado de cama solar. Cuando pasó el tercer esclavo, notó que los ojos del encapuchado se clavaban en los suyos.
-¿Qué miras, pelotudo?, le dijo Alex.
-Perdedor… Yo tengo lo que vos querés…
Con impecable traje negro, Alex miró a ese pequeño ser que había osado insultarlo. Burlón y sádico, le dedicó una de sus típicas respuestas con sobredosis de arrogancia. Minutos antes se habían visto por quinta y última vez después de convivir una semana en una despiadada carrera por conseguir ese puesto gerencial.
Quizás fue el perfume importado. Tal vez los anteojos último modelo. O, porque negarlo, la marca registrada de sus ojazos celestes en un rostro con infaltable cama solar. Todo esto, más una simpatía innegable al hablar y varios postgrados bien pagados, inclinaron la balanza para el muchachito de la película. Lo esperaba un sueldo de cinco dígitos en moneda extranjera, viajes, tres secretarias de curvas llevar y poder. Mucho poder. El mundo en sus manos.
Tenía planeado un sábado de festejo en su piso de Belgrano. A su estilo: amigos, música, tragos, drogas y mujeres. No necesariamente en ese orden. Para mejor, por la noche la suerte le sonrió: colorado el 5 más negro el 10, dos plenos seguidos bien cargados y a cobrar. Mucha suerte para un solo viernes. La morocha de Asia de Cuba, con sexo oral en el baño, fue de yapa…
"Negro, querido. Esta noche hay joda loca. Llamá a los chicos. Prepará todo para unas 10 personas. Paga la casa". Juani, el Negro, tiene una capacidad fantástica como organizador. Nunca falla. Pero sonó la musiquita de El Golpe en el celular de Alex, y todo cambió. "¿Venís esta noche?". Era La Condesa. Así se hacía llamar, y así figuraba en la tarjeta que le dio aquella noche de auto a auto, después que el muchachito la siguiera unas 30 cuadras por Libertador en su descapotable. Era una obsesión. Imposible combatir contra el mix mujer más obsesión.
"Negro, arrancá vos con todo y con todos. Yo llego más tarde", decía el cartel en la puerta de su casa. Alex, mientras, con su mejor ropa de sábado a la noche, tocaba el timbre de la casona vieja. "Me invito La Condesa", dijo. "Sí, pasa, son 20 pesos". Pispeó la gente desparramada en el patio. Se sintió extraño. Muy extraño. ¿Esa nena de 21 hablando con ese viejo? ¿Y esa gorda así vestida con tanto cuero reluciente? ¿Ese pibe está desnudo y tiene un collar en el cuello? ¿Qué es esto, man? Muchas preguntas y pocas respuestas.
Sus ojazos celestes vieron como parte de la gente se amontonaba en una puerta. Sus 185 centímetros lograron espiar: era una pequeña habitación y se veía a una chica de piernas largas. Alex se abrió paso casi intempestivamente. No es un lugar común: se frotó los ojos para corroborar que todo era cierto. Sí, era ella. La figura de La Condesa estaba esculpida en un vestido de látex, con botas de plataforma de no menos de 15 centímetros. Brillaba...
Látigo en mano, castigaba a un gordo panzón que le chupaba las botas. Mientras, le espetaba a un pelado que obedeciera. "No te muevas", gritaba mientras la cera de la vela enrojecía el cuerpo del varón depilado. La suela puntiaguda apretaba los testículos de un hombre flaco, enmascarado, con collar en el cuello. “Esclavos, de pie”.
Se incorporaron y uno a uno fueron pasando, cabeza gacha, detrás de La Condesa. Cuando la dama pasó cerca de Alex, éste intentó acariciarla. Recibió como respuesta un empujón y un escupitajo. Quedó inmóvil. Pálido en su tostado de cama solar. Cuando pasó el tercer esclavo, notó que los ojos del encapuchado se clavaban en los suyos.
-¿Qué miras, pelotudo?, le dijo Alex.
-Perdedor… Yo tengo lo que vos querés…
miércoles, 22 de julio de 2009
Rebelión en la granja
Hay rebelión en la granja. Las partes del cuerpo se han dividido en dos bandos, por llamarlos de alguna manera. El azar, el destino, la casualidad o la causalidad los agrupó según letras. De un lado los P: el líder es el páncreas, secundado por piernas, pene, pulmón (el izquierdo, el derecho se abstuvo) y pera. Del otro los C: el jefe es el colmillo, acompañado por el cerebro, el corazón, la cadera y el codo.
El equipo P presentó una carta bajo la amenaza de un golpe de estado a este cuerpo y su manianadesol: “O hay cambios o tomamos el poder y ponemos todos los días fotos de Angelina Jolie y Pamela David”. La respuesta fue: "¿Quéeeeeeeeeeeeee?".
Después de tensión, de negociación, de toma de rehenes y de intercambio de prisioneros, se llegó a un acuerdo. Los P pidieron tres cuentos por semana además de esos pensamientos estúpidos que los C y sus amigos publican. Los C dijeron primero que no, después cedieron: "Uno, y los miércoles". "Los viernes". "Ok, se llamarán Garabatos". "No, relatos".
El acuerdo final fue: todos los viernes, Relatos Garabatos en manianadesol. Su blog amigo.
El equipo P presentó una carta bajo la amenaza de un golpe de estado a este cuerpo y su manianadesol: “O hay cambios o tomamos el poder y ponemos todos los días fotos de Angelina Jolie y Pamela David”. La respuesta fue: "¿Quéeeeeeeeeeeeee?".
Después de tensión, de negociación, de toma de rehenes y de intercambio de prisioneros, se llegó a un acuerdo. Los P pidieron tres cuentos por semana además de esos pensamientos estúpidos que los C y sus amigos publican. Los C dijeron primero que no, después cedieron: "Uno, y los miércoles". "Los viernes". "Ok, se llamarán Garabatos". "No, relatos".
El acuerdo final fue: todos los viernes, Relatos Garabatos en manianadesol. Su blog amigo.
martes, 21 de julio de 2009
Enemigo
Declárese hoy el día del enemigo. Así de directo, sin preámbulos ni rodeos. Que ayude la Real Academia Española, que para eso se le pega: "Persona que tiene mala voluntad a otra y le desea o hace mal".
Conclusión gramatical: enemigo no es antónimo de amigo. Todos los que no sean amigos no necesariamente estarán en la vereda de enfrente.
Conclusión conceptual: desea o hace mal. Ese no es un límite menor. A veces se disfrazan de enemigos peleadores baratos y efímeros que no merecen ese rotulo. Aves de rapiña que se alimentan de los restos de los restos.
Hablando, claro está, de que los enemigos sean ellos. Cuando se juega en el equipo rival, hay que ponerse el mejor traje y honrar la profesión.
PD: para más información, búsquese en junio, más precisamente el día 2, el post Encrucijada.
Conclusión gramatical: enemigo no es antónimo de amigo. Todos los que no sean amigos no necesariamente estarán en la vereda de enfrente.
Conclusión conceptual: desea o hace mal. Ese no es un límite menor. A veces se disfrazan de enemigos peleadores baratos y efímeros que no merecen ese rotulo. Aves de rapiña que se alimentan de los restos de los restos.
Hablando, claro está, de que los enemigos sean ellos. Cuando se juega en el equipo rival, hay que ponerse el mejor traje y honrar la profesión.
PD: para más información, búsquese en junio, más precisamente el día 2, el post Encrucijada.
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