jueves, 7 de febrero de 2013

Nueva etapa

Algunos lo sabrán, otros no. Este blog ha tenido muchas etapas. Al principio, eran frases o pensamientos o anécdotas narradas al estilo manianadesol. Luego hubo cuentos. Después personajes. Ahora, señoras y señores, se vuelve a los pensamientos anecdotados... ¿Por qué? Porque sí, es la primera respuesta que se viene a la mente. Ya veces hay que seguir al porque sí, y después, con el tiempo, analizar los porqués del porque sí.
Dos amigos. Separados. Mismo tema: mentiras ajenas. Dos visiones. Uno, dolorido por pensar que estará haciendo ella con él. Con visiones de cama y la hombría lastimada. Sin darle la misma importancia al engaño a la pareja. El otro, todo lo contrario. Dolorido por el engaño en sí, por la mentira que derrumba la confianza y el pasado, dejando a un muy segundo plano los temas sexuales y el machismo.
Dos amigos. Dos visiones. El equipo de manianadesol ya votó. Quien quiera votar, escriba ahí donde dice comentarios.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Payaso Bomboncito 4: Piña va, piña viene



Si algo le sobra a Bomboncito, ese algo es espíritu de lucha. Por más que acumule fracasos, como el de la semana pasada en la escuela. Pese a la lluvia, quiso sacarle una sonrisa a los pibes del barrio. “Hola soy el monstruo Bomboncito”, gritó apareciendo de la nada a la salida de clases. Claro, los chicos vieron esa imagen del payaso mojado, con la cara manchada porque el agua le había corrido el maquillaje, y se pusieron a llorar. Un par, muertos de miedo, cruzaron la calle solos y casi los pisan. El escándalo, con carterazos varios de las madres al payaso malherido, derivó en una denuncia policial y que Bomboncito pase una noche en la comisaría.
En la celda tuvo suerte. Se salvó de una golpiza porque uno de sus seis compañeros del calabozo de dos por dos se apiadó y convenció al resto. “No vale la pena, muchachos”, le dijo al resto. “¿Pero no escuchaste el chiste pelotudo que contó?”. Bomboncito quiso animar el mal momento y sacó un as de su galera: “-¡Hola! ¿Hablo con el 55565432?”. “-No, pero espere, lo voy a buscar a su celda”. Se salvó porque el fin del mundo no existe, pero los milagros sí.
Pero, está claro, Bomboncito tiene espíritu de lucha. Por eso ideó un plan infalible: ir a un baile de disfraces de fin de año. Total, el ya tenía la vestimenta y el maquillaje. Sólo tenía que hacer reir. Y hasta tal vez de rebote ligaba algún beso robado. Es que para apaciguar el dolor, el mejor analgésico son los besos robados y las sábanas revueltas.
Se puso su mejor perfume, el desodorante de la propaganda (“si tengo éxito voy y le compró todo el stock al chino”, pensó) y, por las dudas, en un bolsillo, una caja de preservativos. Entró al salón y miró: sobresalían Shrek, Tarzán, Barney, Batman y Gatúbela, un cura con un muñeco de un nene a su lado, un hada, una marinerita, y una Caperucita roja radiante, hermosa, con el pelo largo y las tetas bien grandes, como le gustan a Bomboncito. Y un payaso… ¡¡¡UN PAYASO!!!
-¿Qué hacés acá?, lo increpó Bomboncito.
-Soy el payaso cordobés ivos. Y vine a esta fiesta a levantar guasas. ¿Y vos?
-No hay espacio para los dos.
-Bueno, andate, yo llegué primero. ¿Y vos?
-Yo llegué segundo, pero yo soy el famoso payaso Bomboncito. Y no me digás ¡Y vos! Me revienta que me digan eso!
-Yo en Córdoba hago shows en las plazas para 100 personas. ¿Y vos?
-No importa, yo tengo mejores chistes. Seguro. Escucha: "-Un carbón le dice a otro: ¡te invito a un asado!  "Dale, me prendo!".
-No, guaso. Ese es muy malo. Así no se hace. Mejor este: "Hola Caperucita, te voy a dar un beso donde nadie nunca te lo ha dado!". Y la guasa contesta: "Bueno lobo, ¿Será en la canasta?". Ese es bueno… ¿Y vos?
Justo en ese momento la caperucita de pelo largo y tetas muy grandes pasaba detrás de los dos payasos. “Que buen chiste cordobés”, le dijo y le dio suave e irresistible beso en la comisura de los labios. “Espera, mirá, yo hago figuras con globos”, atacó Bomboncito. Sacó un profiláctico del bolsillo, lo infló, dijo “un consolador” y lanzó su grito de guerra: “Cha chaaan”. Caperucita lo miró con desprecio y le dio un largo beso de lengua a ivos, el payaso cordobés. “Me voy con ella. ¿Y vos?”.
Fueron dos trompadas a la cara del cordobés y una semana en prisión. Ese tiempo le sirvió para pensar mucha sobre su vida. Para, pese a todo, soñar cada noche con la Caperucita que seguro estará en brazos de otros. Y para entender que los chistes de presos, a los presos no les gustan. Lo entendió después de decir: “Están dos presos en la cárcel y uno le pregunta al otro: “Porque estas aquí”. Y el otro le responde: “Porque no me dejan salir”. Esta vez no hubo nada que hacer: se ligó otro puñetazo en su cara maquillada por los golpes de la vida.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Bomboncito 3: Encarcelado

Había una vez un payaso llamado Bomboncito que nació en la cabeza de un narrador de alcantarillas. Tenía mil días por vivir, mil sonrisas que entregar, mil historias que contar. Y ahí estaba Bomboncito, yendo de una neurona a otra, imaginando escenas, soñando actuaciones. Siendo feliz a su manera dentro de este calabozo a modo de cráneo.
Como en tantos cuentos reales o ficticios, la trama ha llegado a un nudo que cuesta desenredar. Blanco creativo, que le dicen. ¿Demasiado rápido ya que sólo van dos capítulos? Es posible. Pero así están las cosas para el payaso Bomboncito. Quiere ser libre y traspasar monitores, pero no hay dedos que tipeen sus aventuras de héroe frágil y acovachado. Y sacar sonrisas tontas con chistes bobos. Como aquel que pregunta quien es el hombre más calmo del mundo, y se responde el hijo de Suiperman, porque es supermansito...
Al fin de cuentas, como decía aquella vieja canción, todos somos héroes anónimos, guerreros en este lugar. Peleando con el corazón...

viernes, 12 de octubre de 2012

Payaso Bomboncito 2: El paragüazo

La vida frustra los mejores planes. Y hasta con aires maquiavélicos, la muy guacha parece sonreír cuando logra su cometido. Maldita... Siempre gana. No sirve elaborar con precisión ajedrecística un día si después todo se destartala como un castillo de naipes ante un mínimo soplido.
Por eso lados de filosofía barata andaba la cabeza de Bomboncito cuando en el pasillo, casi entrando a su departamento, escuchó la voz que ese día, justo ese día, no quería escuchar. "Ey, Bombi, ¿qué te pasó en la cabeza que tenés esa venda?".
Bomboncito rebobinó. A la mañana quiso salir a comerse el mundo creyéndose lobo, cuando en realidad era el cordero más tierno para ser devorado por esta trama maliciosamente guionada. Con un entusiasmo que no tenía desde hacía mucho, exacatamente desde que aquella noche se deglutió a su gran amor, decidió por fin darle vida al Payaso Bomboncito. Venció miedos, corajeó temores y enterró pudores. Se pintarreajó de blanco la cara, los cachetes rojos, la nariz redondita del mismo tono, un sombrero gracioso y ropa bien colorida. Zapatos de gigante para su corazón pequeñito. Y a conquistar la ciudad.
Iba feliz regalándole caramelos a los chico. Contando chistes cortos y tontos, pero efectivos. "Mamá, me mordió una serpiente... ¿Cobra? No, gratis...Cha chaaannn". Y regalaba un caramelo. "¿Uno verde rápido? Una lechuga en moto... Cha chaannn".
Había recolectado cinco sonrisas de grandes, tres de chicos y hasta el facebook de una rubia bonita que quien sabe porque se enterneció al verlo. "Mujeres, quien las entiende. Voy a tener que sacar un facebook del Payaso Bomboncito", pensó. Era el mejor día de su vida, hasta que decidió probar suerte en un colectivo...
Improvisó su acting. "Soy el Payaso Bomboncito, el que te saca una sonrisa de a poquito... Sí, el que te la saca de a poquito. Uy, sonó feo eso, ¿no?". A la vieja del primer asiento no le causó gracia. Nada de nada. Al grito de "guarango", le encajó tres paraguazos en la cabeza. Bomboncito, sangrando, le dijo: "Señora, hay un sol hermoso, ¿qué hace con paraguas". La respuesta fueron tres golpes más. Bomboncito se bajó del colectivo. Estab por llorar de impotencia, hasta que vio que dentro del colectivo muchos se reían. Así que desde abajo los miró y se despidió: "Cha chaaan". Hay veces que la vida regala victorias inesperadas en batallas que se perdieron.
-Ey, Bombi, ¿me decís que te pasó?
-Sí, Curda, me lastimé jugando al fútbol...
-Que pelotudo. ¿Y qué hacés así vestido de Payaso?
-Vivo la vida, Curda. Vivo la vida...

jueves, 11 de octubre de 2012

Payaso Bomboncito 1: El comienzo

La noche se la deglutió en cuestión de segundos. Como fantasma, su gran amor se perdía en la oscuridad de esa fría noche de invierno. Parado sin mover ni un milímetro de su cuerpo, se frotó los ojos esperando el regreso que nunca llegó. Esta vez no.
Sus viejas zapatillas, apenas más gastadas que su alma, lo guiaron de memoria hasta su casa. "Chau Bomboncito", lo saludó el kioskero de al lado. Lo de Bomboncito lo acarreaba desde la infancia: una tía gorda y pegajosa lo pellizcaba y besaba sin parar, hasta que no se le ocurrió nada mejor que decir: "Ay, que dulce y rico, sos como un bomboncito”, mientras escupía pedacitos de empanadas de atún. Y quedó bomboncito, como una espina que no sale.
"Ey, Bomboncito, ¡qué cara que tenés amigo!". No necesitaba darse vuelta y mirar al autor de la frase. El tono, el ímpetu y esa voz que arrastra las letras delataban al vecino amigo del alcohol. "Hola Curda. Sí, mala noche. Amores que matan y nunca jueren, como dice Sabina", le contestó mientras terminaba de caminar el pasillo oscuro. Su vecino ni lo escuchó: ya estaba adentro de su casa y el ruido de un par de botellas chocando sus cuerpos confirmaba lo de siempre: otra noche de penas ahogadas en vasos mordidos.
"Tal vez eso necesite hoy. Ahogar penas", pensaba Bomboncito mientras se miraba al espejo. Revisó su despensa y encontró una gaseosa a medio tomar, tres sobres de jugo y un porrón de cerveza como lo más fuerte para sacudir su alma. "Ni para esto sirvo", masculló. El sonido del timbre lo devolvió a la realidad.
"No encuentro el sacacorchos", le dijo el vecino. "Pasa". El Curda entró, fue directo a la heladera, le dio un par de mordidas a un sándwich de milanesa, se sentó en el sofá y comenzó el diálogo:
-Contame, Bomboncito.
-Es tan contradictorio... En un minuto me pasa que no quiero verla más, que me muero por estar con ella, que entiendo que se terminó, que no entiendo porqué se terminó. Y al minuto siguiente lo mismo. Y al siguiente, y al siguiente.
-Yo te entiendo. Es como lo que me pasa con el whisky. Me hace daño, pero lo amo. Y no hay explicación. Es amor eterno.
-¡No podés comparar!
-Vos lo primero que tenés que hacer es maquillarte o hacer algo con tu cara. Sacate esas ojeras. Tenés que reírte más, hacer reír. Vos sos un tipo gracioso, che. Yo te miro y me dan ganas de reírme...
A Bomboncito se le iluminó la cara. Salió corriendo al baño. Volvió a los cinco minutos, maquillado de blanco, nariz roja y gorrito simpaticón que sobraron de un cumpleaños con carnaval carioca.
-Me diste una gran idea, Curda. Voy a ser el Payaso Bomboncito. Voy a ir por la calle alegrando gente.
-¿Vos? ¿Pero estás en pedo? Mirá, para tomar hay que saber y vi que tomaste media cerveza...
-Estoy perfecto. Payaso Bomboncito. Es genial. Ya tengo muchos chistes en la cabeza.
-Contame uno, a ver. -Uno de borrachos. Sin ofender. Va un borracho en moto y choca con una señal de tráfico. Llega el policía y le pregunta: "Señor, ¿no vio la flecha?". Y el borracho responde: "Ni la flecha ni el indio que me la tiró". ¡Cha chaaannn!
-Me dás el sacacorchos, Bomboncito.

martes, 9 de octubre de 2012

201

Este post es el 201. Por ende, si las matemáticas no fallan, el pasado fue el 200. Redondito. Estaba perfumado, listo para ir a una fiesta. Pasó por este mundo con pena y sin gloria... Sus anteriores 199 recorrieron caminos similares. Entusiasmados, brotaban del teclado directo al monitor para luego ser parte del ciberespacio. Letras, más palabras, más oraciones. Ideas, pensamientos, presuntuosos cuentos. Y vida. Mucha vida. La propia, escondida en entrelíneas que a veces cuestan tanto descifrar que parecen acertijos. Será que de eso se trata gran parte de esto que llamamos vida: pseudo acertijos por descifrar. Y acá estamos. Tres años y monedas después de aquel primer post. Con 200 escritos y uno por terminar. Con más arrugas y más canas. Más alegrías. Más tristezas. Más certezas y menos dudas. Con los pies más gastados y el corazón con menos fuerza. Más camino hecho y menos por hacer. Pero con la certeza que quedan muchas mañanas de sol listas para ser vividas. Y contadas.

jueves, 4 de octubre de 2012

Citas

Penny lleva en auto a Sheldon a una cita. A la que será su primera cita. Diametralmente opuestos, en el camino hablan sobre citas y aprendizajes. Penny le dice: "Si es tu primera cita, deberías saber algunas cosas". La respuesta, sheldoniana, es: "Tengo dos doctorados y una maestría, todo lo que tengo que saber, lo sé". Penny, insiste y apunta: "Pero yo sé más de citas que vos, tal vez pueda darte algunos consejos". Sheldon, sagaz, contesta con una pregunta: "¿Y si sabes más de citas porque esta noche no tiene otra cosa mejor que hacer que llevarme en tu auto?". Penny hace silencio. Se rinde... ¿Quién sabe en esta vida? Mejor todavía, ¿qué es saber? El aprendizaje de uno no es el aprendizaje de otro. Cada uno aprende a su manera. Lo que quiere. Como puede. Y cada uno lo vuelca a su modo. Porque esos somos: seres en constante aprendizaje de esa maestra implacable y absurda que se llama vida.