viernes, 20 de noviembre de 2009

RG 15: Lola

-Hola, ¿cómo te llamás, hermosa?
-Che, que original que sos para empezar un levante...
-Bueno, es que sos muy bonita.
-Sí, sí, lo de siempre....
-Princesa, además, que buenas tetas que tenés, ¿no?
Lola se llama Dolores. Pero de chica le dicen Lola. De grande el apodo le calzo a la perfección, más precisamente desde el día en que se siliconó. Ahí provocó un problema de identidad en los hombres, que cada vez que iniciban un levante de ocasión dudaban entre mirarse los ojazos celestes o sus pechos promimentes. Generalmente, su mirada volvía a casa huérfana de conquistas...
Esa noche, en ese boliche de mala muerte, algo le hizo click. Ese algo fue su vida. Sus 172 centímetros de imponente humanidad quedaron reducidos a cenizas existencialistas. Maldijo al tarado que le preguntó el nombre, maldijo al estúpido que le guiñó un ojo con un vaso de whisky en la mano, maldijo a su ex que la dejó por celos, maldijo a su amante que ya no la coge bien, maldijo a su amiga del alma que sale con el vecino de siempre, y maldijo la soledad de poder estar con quien quiera pero no poder estar con nadie. Hay algo peor que la soledad social: la soledad individual.
"Me harté de todo" le dijo a Pipo, que como respuesta movió la cola y trajo su juguete rosa. "Licencia por dos meses sin goce de sueldo", puso en el telegrama que envió a su trabajo de secretaria ejecutiva de un jefe que la tenía allí no por sus condiciones, sino por las tetas que él mismo le pagó con un préstamo en comodísimas cuotas. "Devolveme cuando quieras, y de la forma que quieras", le sugirió el pelado baboso aquella vez.
"Quiero saber que es el amor. Voy a salir a preguntarselo al mundo", le anunció a Pipo, que ya estaba tirado en el piso resignado a otra tarde de aburrimiento. Tomó un viejo grabador de su frustrado intento de estudiar periodismo, se maquilló lo justio y necesario, un escote generoso pero menos que los de siempre, y salió a conquistar al mundo, sabiendo que ella forma parte del mundo a conquistar.
"Para una revista de estudiantes de periodismo -inventaba como excusa. ¿Para vos qué es el amor?". Tuvo respuestas filosóficamente baratas: es sentir que uno siente sentimientos sentidos desde el ser. Tuvo respuestas burdas: es todo. Tuvo respuestas pesimistas: el amor no existe. Tuvo respuestas obvias: el amor somos vos y yo si me aceptás un cafe. Tuvo respuestas muy obvias: tus tetas.
En un viejo cuaderno Gloria anaranjado anotaba cada letra que le decían. En la tapa, estaba la pregunta del millón. En dos semanas sumó 832 frases. Quería llegar a las 1000. "Después veré que es lo que más me contestaron, y sabré algo más de la vida. Estoy feliz", le contó a Pipo, que estaba dormido, y por eso no pudo lamerme la lágrima que la caía por su mejilla como hacía siempre.
La respuesta 999 fue de una cuarentona resentida. "¿El amor? Ja, con los hombres de hoy no existe el amor, no seas ingenua". Imposible explicarle que el único amor no es el de pareja. Llegó la 1000: "vos y yo en...", le dijo el jovato de traje gris e impresentables bigotes. Click. Lola no pudo contener las lágrimas. Lloró mucho, con espamos. "Piba, ¿estás bien?", le dijo el viejo. "Andate a la concha de tu hermana, viejo del orto...". Y corrió.
"Voy a comprar arroz integral, una botella de ginebra y tu comida", le comentó a Pipo, que no entendía muy bien que había pasado en las últimas tres semanas. Su dueña estaba con menos tetas ("chau siliconas", le anunció al espejo una mañana de sol), con 20 centímetros menos de pelo, piel y hueso por no comer, y algunos dedos oscuros de tanto ingresar en su boca para provocarse vómitos.
Tomó su cartera, las llaves y el cuaderno con el que iba a comenzar su nueva cruzada: preguntar qué es la vida. El chino de súper le estaba cobrando cuando desde la calle se escuchó un grito y luego dos disparos. La vecina del Octavo C estaba tirada en el piso bañada en sangre, sin su cartera, que la tenía el pendejito que corría por la avenida y doblaba en la esquina. "No hay nada que hacer", dijo el médico de la ambulancia 10 minutos después.
Lola volvió a su casa y se tiró en la cama a llorar. Con fondo blanco tomaba los vasos de gin hasta acabar la botella. Iba por cuatro, cuando sonó el timbre. "Soy de mercado", le dijo el chino con su inconfudible voz de chino.
-Hola, señora. Vos olvidaste tu compra cuando hubo disparos. Te traje tu compra a vos.
-Gracias. Muy amable, ¿pero cómo sabías mi dirección?
-Está en cuaderno naranja. Leí cuaderno naranja. Vos estás equivocada, señora.
-¿Por?
-No importa que es el amor. Mejor viví, vos, señora. Sino te puede pasar como a otra señora que mataron. ¿Amor importa? ¿Vida importa? ¡Vos importa, señora! Porque mañana tal vez Pum, como señora. Como otra señora...
A la mañana siguiente, todavía con resaca y esquivando los vidrios de la botella rota, Lola pronunció sus primeras palabras del día, que fueron: "Voy a preguntar que es la muerte. ¿Querés ir al parque que hace mucho no vamos?". Agarró la correa, los cigarrilos, se peinó un poco, y salió a la vida.

5 comentarios:

  1. Muy bueno Muy bueno.
    Me gusto mucho este, creo que de alguna manera fue una charla que tuve.

    Beijos

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  2. me encantoooooo!!!!
    te pasaste....
    y si, hay que arreglarse un poco y salir a la vida.
    Muchos fragmentos, coincido, me hicieron a viejas charlas.... me mato este fragmento : "maldijo la soledad de poder estar con quien quiera pero no poder estar con nadie. Hay algo peor que la soledad social: la soledad individual."

    Cuidate!!!!

    beso

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  3. fe de erratas :
    me hicieron acordar a viejas charlas *

    p.d: odio que mi mente vaya mas rápido que mis dedos en el teclado jajaja

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  4. Muy buen relato!

    Como dijo Nadita, hay que arreglarse un poco y salir a vivir.

    Besos

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  5. Hola tonnnnto, te firmo para q no t pongas celoso...
    Me gustó mucho este cuentito, soy como Lola...pero sin las gomas, sin los ojos claros, pero si con todas las mismas preguntas y harta de todoo y de la poca inventiva a la hora del levante...me indigno.
    Besoooooooo

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